Contradicciones en la vida de un cristiano

Por Luke Nix

Introducción

La Iglesia cristiana no es ajena a la hipocresía. La Iglesia está compuesta por pecadores que no siempre practican lo que predican, y a veces esa práctica está en franca contradicción con lo que predicamos. Algunos de los actos más atroces han sido cometidos por cristianos mientras hablan  la verdad. Parece que la mala conducta sexual dentro de la Iglesia está siempre en la mira. Desde que tengo uso de razón, he tenido conocimiento de numerosos escándalos sexuales dentro de la Iglesia. Como a cualquier persona, algunos me han tocado de cerca y otros de lejos. Los que nos afectan de cerca tienden a ser particularmente devastadores, tanto  física y emocionalmente, como espiritual e intelectualmente.

Es importante que los afectados se aferren a una cosmovisión que pueda condenar objetivamente tales acciones y proporcionar sanidad a las víctimas. En estas situaciones emocionalmente  difíciles es fácil dudar de la verdad del cristianismo. Hoy,  quiero dedicar unos momentos a mostrar cómo esa hipocresía revela en realidad la verdad de la cosmovisión cristiana y cómo ésta a su vez ofrece la única respuesta posible a la hipocresía.

La objetividad del mal

En primer lugar, las acciones de un depredador sexual deben ser calificadas como objetivamente malvadas, no simplemente como algo que a un grupo de personas no le gusta o prefiere. La afirmación de que lo que hicieron fue malo no es sólo una opinión que puede ser descartada por quienes no ven nada incorrecto en las acciones. Que tales acciones son objetivamente malas es una característica de la realidad que debe ser afrontada, explicada y respondida por toda cosmovisión.

Ninguna cosmovisión puede eludir esta obligación. Ninguna cosmovisión que carezca de  un anclaje para la moralidad objetiva puede proporcionar un juicio significativo sobre el “mal”; quienes sostienen estas cosmovisiones sólo pueden emitir opiniones, lo cual no es más válido o verdadero que la persona, que también puede sostener la misma cosmovisión y dice que las acciones fueron “buenas”. Cualquier cosmovisión a la que le falte tal ancla queda derrotada por las acciones de cualquier depredador sexual (sean miembros de una iglesia o no).

Las cicatrices que deja el pecado y el costo del agnosticismo y el relativismo moral

Cada una de las víctimas de mala conducta sexual, abuso sexual, violación, etc., ha sido creada a imagen de Dios, por lo que es intrínsecamente valiosa. Su violación es objetivamente mala, y debe hacerse justicia. La devastación de este tipo de violaciones tarda años e incluso décadas en sanar, si es que lo hace. Estos hombres, mujeres, niños y niñas llevarán las cicatrices durante el resto de sus vidas. Estas cicatrices quedarán como testimonio de la verdad de que el mal objetivo existe.

Cualquier cosmovisión que permanezca agnóstica o ambivalente sobre el estatus moral de estas acciones convierte a las víctimas en víctimas una y otra vez. Las cosmovisiones sin un anclaje para la moralidad objetiva devalúan las violaciones y las elevan a la equivalencia moral con el amor, la honestidad y la integridad. Las cosmovisiones que no pueden llamar al mal “mal” en ningún sentido significativo de la palabra (o para el caso, tampoco pueden llamar al bien “bien”) fomentan la creación de más víctimas y agravan el sufrimiento de los que ya lo son.

Tales pecados en la vida de un cristiano demuestran de manera concluyente que ninguna cosmovisión moralmente relativista o agnóstica merece tener un lugar en una cultura, un gobierno o incluso en la mesa de la investigación intelectual, porque viola perpetuamente la realidad, al violar a las víctimas una y otra vez.

¿Y si Dios no existe?

El pecado sexual es detestable, despreciable y atroz, y todos lo sabemos intuitivamente. La persona que comete el mal es, en última instancia, eternamente condenable porque ha violado el valor intrínseco de un ser humano creado a imagen de Dios, y al hacerlo, ha violado al Dios eterno y moralmente perfecto. Dios es la única fuente de moralidad que es independiente de todos y cada uno de los seres humanos. Sólo Él es el ancla que permite a cualquiera identificar objetivamente tales acciones como moralmente “malas”.

En pocas palabras, si Dios no existe, entonces nada de lo que hicieron estos cristianos es malo. Nada de lo que hacen es digno de condena o incluso de discusión, ya que simplemente están bailando con su ADN – las víctimas seguirán siendo víctimas porque no son realmente “víctimas” de nada bueno o malo. Esto no quiere decir que alguien tenga que creer que Dios existe para condenar las violaciones sexuales de un cristiano; más bien quiere decir que sólo porque Dios existe, incluso un ateo puede condenar con precisión tales acciones como objetivamente malas. Si Dios no existe, ni siquiera el teísta puede condenar el abuso sexual como algo objetivamente malo.

La disonancia cognitiva y emocional del mal

Cuando se relatan las historias de los actos atroces de un perpetrador, la ley moral que está escrita en todos nuestros corazones aflorará emocional y poderosamente. Las emociones que sentimos no están ahí simplemente porque sintamos que estas acciones son malas, sino porque objetivamente son malas, y nuestra indignación es una reacción muy apropiada a tales violaciones. La cabeza y el corazón, la lógica y la emoción, convergen en perfecta armonía para revelar la verdad de la realidad y la verdad de la existencia de Dios. A menos que Dios exista, los actos “malvados” de una persona no aportan más que una disonancia cognitiva y emocional.

Las acciones  hablan más que las palabras

Si las grotescas faltas morales de los ministros del Evangelio han de servir a cualquier propósito , es para intentar sacudir a nuestra cultura de su estupor moral e intelectual y recordarnos la contradicción de toda vida cristiana. Pero, en claro contraste con todo cristiano, en Dios no hay contradicción: ni en sus acciones ni en sus palabras. Todos anhelamos que alguien sea totalmente consistente con lo que dice y lo que hace. Pero esto simplemente no sucederá cuando miramos al hombre, incluso a los líderes cristianos. No deberíamos sorprendernos cuando los ministros del Evangelio fallan moralmente. Nos debería sorprender que, a pesar de la evidencia que nos rodea de la caída de la humanidad, sigamos intentando mirar a la humanidad en busca de una consistencia perfecta.

Por el contrario, debemos mirar al Creador moralmente perfecto, contra el que todos los humanos han pecado. Este Dios nos ama y desea una relación infinita y personal con nosotros, tanto que se hizo uno de nosotros para tomar sobre sí nuestros pecados y la ira que merecemos a causa de ellos. Se hizo justicia por cada pecado que pudiéramos cometer cuando Jesucristo murió en la cruz. Y en su resurrección corporal de entre los muertos, tenemos el perdón (1 Cor 15). La resurrección de Jesús nos proporciona una prueba de la verdad de su afirmación de ser el Dios creador del universo, el Camino, la Verdad y la Vida, sin el cual nadie puede llegar al Padre (Juan 14:6).

Conclusión – Mis dos oraciones

El pecado, la hipocresía y la traición en la vida de cualquier ministro cristiano no demuestra, ni siquiera indica, que el cristianismo sea falso. Más bien ocurre lo contrario: proporciona pruebas severas de una visión del mundo  frente a  la realidad, que sólo el cristianismo supera. El cristianismo nunca afirma que los cristianos sean perfectos; de hecho, hace la afirmación contraria: que los cristianos pueden y siguen haciendo cosas atrozmente malas. Esta es la realidad en la que vivimos, de la que formamos parte, y que el cristianismo, de forma única entre todas las cosmovisiones de la historia, describe con precisión. Sólo a través de Cristo el pecador es sanado, la víctima es sanada y ambos pueden reconciliarse con Dios.

Es mi oración  que todas las víctimas encuentren oídos comprensivos en la cultura actual, personas que reconozcan, validen y anclen la objetividad del mal y el sufrimiento que padecen, personas que reconozcan que la curación plena sólo puede encontrarse en la Cruz.

También oro para que, a medida que se produzcan más revelaciones de fallos morales en el seno de la Iglesia, esto haga que los no creyentes consideren los fundamentos de su indignación moral, investiguen las pruebas y se den cuenta de que ellos también necesitan la expiación, el perdón y la resurrección de Cristo.

Por último, recuerda que no es Cristo quien nos ha fallado; son los miembros de su Iglesia quienes nos han fallado. Ya es hora de que dejemos de depositar nuestra confianza en las personas y empecemos a depositarla adecuadamente donde la evidencia nos dice que debería haber estado en primer lugar: en Cristo. Te imploro que sigas las pruebas morales, filosóficas, históricas y científicas a donde ellas te llevan: a entregar tu vida plena y completamente a Cristo para encontrar tanto la sanidad como el perdón.

Recursos recomendados en Español: 

Robándole a Dios (tapa blanda), (Guía de estudio para el profesor) y (Guía de estudio del estudiante) por el Dr. Frank Turek

Por qué no tengo suficiente fe para ser un ateo (serie de DVD completa), (Manual de trabajo del profesor) y (Manual del estudiante) del Dr. Frank Turek  

 

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Luke Nix es licenciado en Informática y trabaja como gerente de asistencia de TI y de soporte técnico  en una empresa local de intercambio de metales preciosos en Oklahoma.

Fuente Original Del Blog: https://bit.ly/35Zh3OS

Traducido por Yatniel Vega García

Editado por Monica Pirateque

 

 

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